
El tiempo:
¿Cuales son las características intrínsecas del tiempo?
En primer lugar tenemos que tener en cuenta que la unidad de tiempo es numérica e intangible, es decir que no corresponde a nada material ni acumulable. Para darse cuenta de esta realidad, sólo hay que mirar un reloj y se obvia ella por si sola. Otro factor fundamental del tiempo, es la repetición. Si lo pensamos fríamente es imposible que los primeros humanos que meditaron sobre el tiempo, lo hicieran en unidades tan pequeñas como las horas o los minutos. Es mucho más lógico haberse dado cuenta en su experiencia vivida, que las cosas se van repitiendo paulatinamente: los días y las noches, primariamente y los grandes cambios climáticos, es decir las estaciones, secundariamente. Todo esto nos lleva a la confección de calendarios, por una necesidad material.
Retornando a la parte numérica del tiempo, hay que decir que como todo lo relacionado con números, está sujeto a las matemáticas. Y como todo principio matemático antiguo, este pretendía ser una ciencia exacta. Por eso no es de extrañar que uno de los esfuerzos mayores de la humanidad haya sido conseguir descomponer ese ente abstracto en unidades todas iguales y exactas, en números redondos. Intentando hacer a la realidad cuadrar buscando principios fundamentales a nuestra existencia.
La existencia, forma otra parte fundamental en la concepción humana del tiempo, prueba de ello es la división de los tiempos en relación al individuo: presente, pasado y futuro.
En la civilización occidental, el Imperio Romano marcó un hito al ser la primera sociedad que consiguió imponer su calendario en un número muy alto de regiones, llegando su legado hasta nuestros días. Los Romanos fueron de los primeros en poner número a los años, con el objetivo de datar todas las cosas que pasaban en su basto territorio, dando lugar a otro concepto fundamental relacionado con el tiempo: La historia.
Llegado a este punto, cabe diferenciar dos tipos de tiempo muy importantes, uno existencial que atañe al individuo y otro colectivo que es aceptado por toda la sociedad.
Muchas veces nuestro problema, es olvidar que el tiempo, la historia, y las matemáticas son convenciones, son lenguajes. Desde un punto de vista filosófico podríamos incluso decir que la concepción de tiempo, tal y como la conocemos, solo se sostiene en interpretaciones del universo cuantitativas (matemáticas) mientras que en interpretaciones cualitativas (mecanicistas) son solo una sensación que no existe realmente. Una manera mucho más sencilla de literalizar esto, sería tener en cuenta, que un reloj o un calendario, dependen de un conocimiento previo de las cosas, no le dirán nada sobre tiempo a nadie que no haya sido instruido previamente en la noción occidental.
Cada disciplina interpreta el tiempo internamente a su manera, eligiendo fechas y periodos que cuadren dentro de su propio desarrollo, de tal manera que haga visible la evolución de su discurso. Llegados a este punto vamos a decir, que si esto es así, entonces la concepción numérica, colectiva y disciplinar concibe el tiempo como un espacio de representación, un espacio “ficticio” de representación para los relatos.
Es aquí donde podemos empezar a hablar de On Kawara, cuya obra es principalmente pictórica.
A pesar de encasillarse en un periodo completamente anti-pictórico, la obra de Kawara nos ofrece, por una parte, la revisión de un antiguo concepto de la pintura. Recordemos que antes del advenimiento de la fotografía, (principalmente a partir del renacimiento) se empezó a usar la pintura para registrar a personajes poderosos, como papas, reyes, nobles, burgueses, etc. y también para acompañar a los escritos en grandes acontecimientos como batallas, bodas, gremios e instituciones. En esos momentos, además de tener una función estética, la pintura cumplía parte de las funciones que hoy en día cumple la fotografía: Era un medio de transmisión en el tiempo para conseguir hacer perdurar los momentos. También es representativa la tradición de fechar todos los cuadros, de tal manera que queden registrados en el tiempo (estrategia usada conscientemente por muchos artistas modernos para situar sus obras en el momento adecuado). También cabe decir que era un medio elitista desde el punto de vista de que solo los ricos y poderosos tenían acceso a él.
Teniendo en cuenta esta dimensión de la pintura, no deben interpretarse los cuadros de Kawara como lo arbitrarios y simples que su concepción conceptual muestra. No es casual, que haya elegido un sistema de representación (que por aquel entonces estaba condenado precisamente por su representatividad, por su falta de objetividad) para a su vez representar fechas, que son la representación del tiempo, y que si nos atenemos a la función que deducimos de su concepción histórica, matemática y colectiva, sería un “espacio representacional”.
Cuando vemos una de las fechas de On Kawara colgada en la pared, la primera concepción de tiempo que se nos viene a la cabeza, es la colectiva, porque es la que compartimos con los demás, e intentamos averiguar que pudo haber pasado ese día o ese año.. La mayoría de las veces esas obras son fechas arbitrarias para el espectador. En el momento en que nos damos cuenta de que no se nos ocurre nada, el siguiente paso es el pensar en primera persona, sobre nuestros propios actos ese día o en esa fecha. A falta de un conocimiento social asociado a esa fecha se echa mano de la experiencia propia, produciéndose así una tensión entre el concepto de tiempo colectivo y el subjetivo. Y es precisamente en esa brecha donde el concepto de tiempo se literaliza y sale de su tamiz para volver a ser repensado. Es en este momento en el que podemos decir que estas obras pueden ser interpretadas como un sistema de deconstrucción del lenguaje, del tiempo, en tanto que matemática, a través de su representación arbitraria, en la pintura. Separándolo así de la continuidad que puede ser la única característica real del tiempo.
¿Cuales son las características intrínsecas del tiempo?
En primer lugar tenemos que tener en cuenta que la unidad de tiempo es numérica e intangible, es decir que no corresponde a nada material ni acumulable. Para darse cuenta de esta realidad, sólo hay que mirar un reloj y se obvia ella por si sola. Otro factor fundamental del tiempo, es la repetición. Si lo pensamos fríamente es imposible que los primeros humanos que meditaron sobre el tiempo, lo hicieran en unidades tan pequeñas como las horas o los minutos. Es mucho más lógico haberse dado cuenta en su experiencia vivida, que las cosas se van repitiendo paulatinamente: los días y las noches, primariamente y los grandes cambios climáticos, es decir las estaciones, secundariamente. Todo esto nos lleva a la confección de calendarios, por una necesidad material.
Retornando a la parte numérica del tiempo, hay que decir que como todo lo relacionado con números, está sujeto a las matemáticas. Y como todo principio matemático antiguo, este pretendía ser una ciencia exacta. Por eso no es de extrañar que uno de los esfuerzos mayores de la humanidad haya sido conseguir descomponer ese ente abstracto en unidades todas iguales y exactas, en números redondos. Intentando hacer a la realidad cuadrar buscando principios fundamentales a nuestra existencia.
La existencia, forma otra parte fundamental en la concepción humana del tiempo, prueba de ello es la división de los tiempos en relación al individuo: presente, pasado y futuro.
En la civilización occidental, el Imperio Romano marcó un hito al ser la primera sociedad que consiguió imponer su calendario en un número muy alto de regiones, llegando su legado hasta nuestros días. Los Romanos fueron de los primeros en poner número a los años, con el objetivo de datar todas las cosas que pasaban en su basto territorio, dando lugar a otro concepto fundamental relacionado con el tiempo: La historia.
Llegado a este punto, cabe diferenciar dos tipos de tiempo muy importantes, uno existencial que atañe al individuo y otro colectivo que es aceptado por toda la sociedad.
Muchas veces nuestro problema, es olvidar que el tiempo, la historia, y las matemáticas son convenciones, son lenguajes. Desde un punto de vista filosófico podríamos incluso decir que la concepción de tiempo, tal y como la conocemos, solo se sostiene en interpretaciones del universo cuantitativas (matemáticas) mientras que en interpretaciones cualitativas (mecanicistas) son solo una sensación que no existe realmente. Una manera mucho más sencilla de literalizar esto, sería tener en cuenta, que un reloj o un calendario, dependen de un conocimiento previo de las cosas, no le dirán nada sobre tiempo a nadie que no haya sido instruido previamente en la noción occidental.
Cada disciplina interpreta el tiempo internamente a su manera, eligiendo fechas y periodos que cuadren dentro de su propio desarrollo, de tal manera que haga visible la evolución de su discurso. Llegados a este punto vamos a decir, que si esto es así, entonces la concepción numérica, colectiva y disciplinar concibe el tiempo como un espacio de representación, un espacio “ficticio” de representación para los relatos.
Es aquí donde podemos empezar a hablar de On Kawara, cuya obra es principalmente pictórica.
A pesar de encasillarse en un periodo completamente anti-pictórico, la obra de Kawara nos ofrece, por una parte, la revisión de un antiguo concepto de la pintura. Recordemos que antes del advenimiento de la fotografía, (principalmente a partir del renacimiento) se empezó a usar la pintura para registrar a personajes poderosos, como papas, reyes, nobles, burgueses, etc. y también para acompañar a los escritos en grandes acontecimientos como batallas, bodas, gremios e instituciones. En esos momentos, además de tener una función estética, la pintura cumplía parte de las funciones que hoy en día cumple la fotografía: Era un medio de transmisión en el tiempo para conseguir hacer perdurar los momentos. También es representativa la tradición de fechar todos los cuadros, de tal manera que queden registrados en el tiempo (estrategia usada conscientemente por muchos artistas modernos para situar sus obras en el momento adecuado). También cabe decir que era un medio elitista desde el punto de vista de que solo los ricos y poderosos tenían acceso a él.
Teniendo en cuenta esta dimensión de la pintura, no deben interpretarse los cuadros de Kawara como lo arbitrarios y simples que su concepción conceptual muestra. No es casual, que haya elegido un sistema de representación (que por aquel entonces estaba condenado precisamente por su representatividad, por su falta de objetividad) para a su vez representar fechas, que son la representación del tiempo, y que si nos atenemos a la función que deducimos de su concepción histórica, matemática y colectiva, sería un “espacio representacional”.
Cuando vemos una de las fechas de On Kawara colgada en la pared, la primera concepción de tiempo que se nos viene a la cabeza, es la colectiva, porque es la que compartimos con los demás, e intentamos averiguar que pudo haber pasado ese día o ese año.. La mayoría de las veces esas obras son fechas arbitrarias para el espectador. En el momento en que nos damos cuenta de que no se nos ocurre nada, el siguiente paso es el pensar en primera persona, sobre nuestros propios actos ese día o en esa fecha. A falta de un conocimiento social asociado a esa fecha se echa mano de la experiencia propia, produciéndose así una tensión entre el concepto de tiempo colectivo y el subjetivo. Y es precisamente en esa brecha donde el concepto de tiempo se literaliza y sale de su tamiz para volver a ser repensado. Es en este momento en el que podemos decir que estas obras pueden ser interpretadas como un sistema de deconstrucción del lenguaje, del tiempo, en tanto que matemática, a través de su representación arbitraria, en la pintura. Separándolo así de la continuidad que puede ser la única característica real del tiempo.
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